|
|
Orlando Cepeda “Peruchín” llegó a Barranquilla hace 30 años a
dictar unas clínicas a los prospectos barranquilleros que querían ser como él,
un encumbrado pelotero, seguro “Hall de la Fama” de la MLB. Una turba de
periodistas “deportivos” que nunca cubrían la pelota porque estaban ocupados
con un escaparate llamado “Junior” (que no salía del cuarto) acudió a la cita para cubrir la rueda de
prensa que ofrecería tremendo personaje. Como era de suponerse, el
desconocimiento del Rey de los
Deportes y la trayectoria de la figura
que tenía enfrente, llevó a uno de los microfoneros, como les llama Chelo de
Castro, a preguntarle que si era feliz con el béisbol.
Peruchín parecía que estaba esperando ese lanzamiento para
hace su mejor swing y desaparecerla del parque. Le contestó con una amplia
sonrisa que iluminó el recinto: “Esa pregunta ni se pregunta”.
30 años después, Orlando Cepeda vuelve a responder lo mismo
frente a mi pregunta de romper el hielo: ¿Cómo estás? “Eso ni se pregunta. Estoy
feliz, tengo trabajo”. Al igual que el héroe boricua de los diamantes, tiene
entre sus manos un madero. El de aquel era un Rawling de 36´ y 32 onz. de peso. El de este que me responde 30 años después,
es una rama de guayacán de un metro y medio de largo, de 2 cmts de diámetro, lucio por el uso y
cuyo peso de libra y media, se lo da la paja que está al final del madero de su
escoba de “palito”.
|
|

Aquel barría las bases con el poder de su “estaca”. Este
barre el parqueadero y los salones del Amira de la Rosa con el profesionalismo
que se requiere para que el templo de la cultura en Barranquilla luzca
impecable. Aquel dejó sudor y sangre en
los campos deportivos mientras que el tocayo ha dejado sus pellejos en el mango
de la escoba y comenta: “…aquí barriendo y arreglando el Amira de la Rosa. Con todo lo duro que es limpiar un parqueadero con 40° a la sombra, no se
compara con las 10 horas que me pasaba en lo cuartos fríos de la empacadora de
pollos. Definitivamente, eso del frio es pa cachacos o que uno esté necesitando
trabajo como me pasó a mi”.
Ahora se despide presuroso porque tiene que completar la
labor del parqueadero porque en la tarde hay un evento y tiene que meter mano
en el teatro también. Lo reconforta que el cansancio se lo sacará con “unas
buenas frias que me están esperando en la 8”. Él ha sido más fuerte que
Peruchín, quien abrazó la fe Budista en el 83 y se ha resistido al “ataque” de
los vecinos del barrio que tienen un templo cristiano. “Hey el diablo es uno mismo
y si yo se eso, ¿por qué le tengo que dar el 10% de todo lo que me hago a otro
man?”, suelta la frase y se va riendo como si se hubiera liberado de algo que
sentía que tenía que decir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario