
“Te
voy a presentar a una dirigente combativa. De esas que está dispuesta a
enfrentar con clase a la dirigencia local y que se caracteriza porque además de
su decencia, es firme en sus posiciones y no anda detrás de prebendas
personales”. Esa fue la presentación de Rodolfo Pontón, para referirse a Olga
Lucía Salas, quien se convertiría a partir de ese momento, en los ojos de la comunidad
deportiva, sobre la calidad de la política pública en materia deportiva. Llegó
hasta nosotros con un sueño: convocar a todos los Actores del Deporte, para que
cerrásemos filas alrededor de los acontecimientos que ya daban la vuelta al
mundo. Y no era menor su preocupación, pues el 11 de junio de 2014, en el
Puerto de Veracruz, Barranquilla obtuvo la Sede de los XXIII Juegos Deportivos
Centroamericanos y de Caribe 2018, dejando en el camino las aspiraciones de
Puerto La Cruz (Venezuela) y Ciudad de Panamá. Los nueve miembros de ODECABE,
que en principio dividieron la votación cuatro a cuatro entre Barranquilla y
Ciudad de Panamá y un solo voto por Puerto La Cruz, decidieron en una reunión a
puerta cerrada, por voto mayoritario (cinco a cuatro) entregar la sede a
Barranquilla.
“No
me preocuparía tanto que nos hubieran dado la sede sobre la base de unas
promesas: a la larga todos lo hacen. La Dra. Elsa lo ha dicho en todos los
medios; que se aventuró a pedir la sede porque la ciudad está viviendo su mejor
momento, recalcando que es la ciudad del presente y del futuro. Sobre esa base
ella embarcó la ciudad en la empresa de buscar la sede de los Juegos Centroamericanos
y del Caribe. No me preocuparía si no fuera por el tiempo que falta y la
calidad de escenarios que tenemos”.
Olga
Lucía Salas González es menudita. Con algo más 1,60 y apenas 65 kilogramos de
peso, contra todo pronóstico, incluso en su casa materna, recorrió triunfante
los entarimados de nuestro país, donde la vieron combatir y convertirse en una
de las mejores karatecas. Su piel morena y los rasgos firmes en sus facciones,
enmarcados por una hermosa cabellera negra, hacen honor a la raza bravía, de
mujeres hermosas que surge del encuentro de los Zenúes por su línea materna, con
la herencia africana que le llegó de su padre, un zambo calamarense que andaba
probando suerte como técnico metalmecánico en Córdoba, y que terminó sacando a la
matrona de su tierra natal, a hacer una nueva vida en Barranquilla, donde
nacería su descendencia. De esa raza de seres libres, de pueblos como los
caribes y los negros cimarrones de nuestros palenques, que prefirieron
enfrentar el exterminio antes que doblegarse, de allí le viene el recelo por
las cosas cuando no son claras.
Cuando
hablamos de Juegos Centroamericanos, sus facciones se endurecen. Le ronda la
incertidumbre porque se manejaron cifras como la de una inversión de $170
millones de dólares en infraestructura deportiva, como aparece en las
declaraciones del Director de Coldeportes de la época entregadas el 11 de junio
de 2014 a http://www.elpais.com.co (/elpais/deportes/noticias/barranqujilla-gano-sede-juegos-centroamericanos-2018).
Y no son infundados sus temores porque junto a dos millones de atlanticenses,
observó que en la lista de intervenciones para escenarios de competencias, extrañamente
se incluye el Centro de Eventos del Caribe, que indiscutiblemente, no será para
ligas deportivas. Suena más a una “liga” para los privados que manejan lo
público en la ciudad. Se prometió la remodelación del Estadio de Beisbol “Tomás
Arrieta”, el coliseo de baloncesto del Parque Surí Salcedo, un nuevo velódromo
y el Coliseo Cubierto Humberto Perea. La promesa incluye la construcción de una
Villa Olímpica para albergar a los deportistas.
Cuando
le llegó el turno en calidad de Promesero al Director de Coldeportes para la
época, a pesar de la crisis financiera que generó la caída de los ingresos de
la Nación por la baja en los mercados internaciones de los precios del
petróleo, empeñó la palabra del Gobierno Nacional y en declaraciones concedidas
al diario El Tiempo, ese 11 de junio de 2014, dijo: “Logramos nuestro objetivo
porque se presentó una propuesta sólida basada en las experiencias que ya hemos
tenido como organizadores de grandes eventos deportivos. Estamos preparados
para recibir los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018 en Barranquilla“.
Sin embargo, ahora la plata parece coquetear tras una vidriera blindada en una
danza del SI PERO NO. Si hay la plata pero no es ahora es en el 2018, año de
los Juegos…

Olga
Lucía, signada desde su nacimiento a ser grande por llevar su nombre en honor a
una de las campeonas nacionales más queridas por los colombianos (la nadadora
valluna Olga Lucía De Angulo) se inquieta hasta la médula y nos dice “Las
mentiras, así sean piadosas, deben tener un poco o un mucho de credibilidad”. Ella
no sabe de qué chistera sacaron este conejo de que aquí se realizan eventos
deportivos de élite mundial constantemente. “Eso cierto que fuimos subsede
del mundial de fútbol Sub-20 en 2011, pero de eso casi nadie se habría enterado
si no hubiera sido por Rossana Lignarolo que nos convirtió en el hazmerreír del
mundo entero con su acto inaugural. De resto, no sé qué más van a inventar”.
Pero
la dirigencia no podía dejar de seguir “cañando” como los jugadores de póker.
Para seguir en el juego, por supuesto, echaron mano del cuento de “los turistas
que vienen al Carnaval” y que “fuimos la casa de la Selección en las eliminatorias
para el Mundial de Brasil 2014”. Ante esto cabe preguntar: ¿Cuándo fue la
última pelea por título mundial en Barranquilla? ¿Qué selección nacional de
futbol, basquetbol, voleibol o béisbol (sin contar eliminatorias FIFA) ha sido
traída a la ciudad? ¿Qué artistas de talla mundial, diferente de Shakira tiene
a Barranquilla en sus giras? Si no tenemos respuestas frescas y contundentes,
por favor no sigamos engañando y engañándonos.
A
pesar de tener la certeza de que nos otorgaron la sede sobre la base incierta
de unas promesas, algunos fuimos felices porque además de ganar la sede,
contaríamos con 1613 días para prepararnos logística y deportivamente para los
Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de 2018. Olga nunca se dejó
llevar por tanta emoción y mientras la ciudad empezaba a prepararse y nombraba
un director a los juegos, el Dr. Pedro Salzedo Salom, a ella, la malicia
ancestral, le decía que de eso tan bueno no dan tanto; y le pusieron fecha al
inicio de las competencias: se disputarán del 3 al 17 de noviembre de 2018. “¿Cómo
voy a estar tranquila cuando al Director de los Juegos no le dieron ni
oficinas, ni presupuesto para manejar los juegos, ni sabe lo que sucederá con
los escenarios?” Y no le falta razón porque el Dr. Salcedo desconocía, como la
gran mayoría de los barranquilleros y atlanticenses, cuáles iban a ser los
diseños de los escenarios nuevos, ni qué otros escenarios se van a intervenir,
tal como lo manifestó el dirigente, en la Mesa Deliberativa “Perspectivas del Deporte en el Atlántico
frente a los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018”, celebrada en
Barranquilla, el 29 octubre de 2015.
Olga
me convida a realizar un periplo por los escenarios con que cuenta la ciudad.
Decide que vayamos al Romelio Martínez porque encontraremos allí, además de
futbol, pesas y atletismo. Sus ojos por primera vez pierden el brillo ante la
presencia de un llanto que inútilmente trata de contener, al ver que una
leyenda viva como el Profesor Carlos Caballero, el primer pesista que
representó a Colombia en unos juegos Olímpicos, una joya viviente de nuestro
deporte, sigue preparando pesistas a pesar de las condiciones infrahumanas en
las que se desempeña. La idea era
entrevistarlo, pero ella se retira y me dice: “Habla tú con él…” y yo me quedo
notarizando ese momento en el que el Profe Carlos me relata como hasta la
ventilación del recinto le negaron porque las paredillas del Romelio dizque son
patrimonio. Ahora que se habla de remodelación y cambiar la orientación del
escenario (hasta el cambio de uso de suelo) no entiendo como lo lograron.
Los
Barranquilleros, tenemos la esperanza de poder contar con un Estadio de
Atletismo en las inmediaciones del Metropolitano “Roberto Meléndez”. Es
necesario aunque las autoridades internacionales que en principio no avalaban
competencias en la recientemente inaugurada pista atlética, han admitido que,
si se compromete la ciudad a remediar las fallas técnicas, se permitirían las
pruebas en el estadio de futbol. Sin embargo, faltando un poco más de 800 días,
no se ha resuelto lo de la licitación. Están los recursos, se le ha consultado
al Dr. Orlando Ibarra, presidente de la Liga de Atletismo pero seguimos
dependiendo del tiempo.
Con
el alma vuelta añicos salimos del “Coliseo de la 72”, “El Viejo pero querido Romelio
Martínez”, buscando los sitios a intervenir para los Centroamericanos. Llegamos
al estadio de baloncesto pero es imposible el ingreso porque la vigilancia sólo
permite el ingreso de carretillas que descargan canastas de cerveza al interior
del escenario deportivo. No se siente el movimiento de balones ni nada que se
le parezca y el ruido de botellas que se apilan por cajas, solo se interrumpe
por el sonido ronco de lo que parece ser una máquina de soldadura. “Son unas
rejas que están terminando” me dice con naturalidad uno de los vigilantes,
quien dice además que no sabe de quién es y que el solo recibe la orden de
dejarlos trabajar.
POSICIONES
DE LOS ACTORES DEPORTIVOS
Cantar
la tabla de la manera como lo hace Olga, en este medio de posiciones acomodadas
de muchos sectores, incluyendo el deportivo,
hace que muchos cuestionen el compromiso de Olga Lucía, con la
realización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla y el
Atlántico. Con un gesto de convencimiento me afirma: “Si algo quería yo era que
mi departamento, para salir de ese hueco en el que estamos, puesto 14 a nivel
nacional, tuviera la oportunidad de unos Juegos Nacionales o Internacionales
que nos dieran por lo menos, sitios dignos para la práctica deportiva para que
mediante un plan a largo plazo, volviéramos a tener deportistas de élite”.
Lo
que no me puede negar es el miedo de que la ciudad no le quede bien al mundo
deportivo. Es el mismo miedo que se alimentó de la tristeza que había en el
alma de esta mujer que nunca rehusó el combate, al punto que culminada su
actividad en el Karate como aficionada, incursionó en el boxeo de paga
femenino. Pero ahora siente el miedo que apretujó su corazón cuando pasó a la
pista de atletismo del Romelio Martínez, ahora guardadero de estructuras para
espectáculos de reggaetón y que siguió
creciendo cuando paso a paso recorrimos los escenarios: El Roberto Meléndez con
su pista fashion, la piscina mutilada, el Centro Popular de Cultura Física que
no ha de ser intervenido, el incierto estadio Tomás Arrieta…
Miedo
que día a día se fortalece, porque ya han transcurrido mas de 800 días de los
1613 que teníamos como colchón de seguridad y no tenemos escenarios para las
delegaciones de 32 países que disputarán medallería en 35 disciplinas
deportivas (muchas de ellas desconocidas en nuestro medio y por tanto, sin
escenarios). Miedo porque hace seis años “La Niña” redibujó el mapa del
Departamento, haciendo visibles las zonas de alivio del canal del Dique. En ese
reclamo airado de la naturaleza, se destruyeron los acueductos de los
municipios del sur del departamento, algunos de ellos subsedes de los XXIII
JCDC, y seis años después, pese a existir unos contratos supuestamente
liquidados, ningún acueducto del sur funciona.
Como
ella, yo también tengo miedo. Tengo miedo porque se habló de Luruaco,
seguramente para deportes náuticos, y ni siquiera hay intervenciones para
buscarle profundidad a la Laguna, ni para el tratamiento de aguas servidas que
se vierten en este cuerpo de agua. Este escenario natural ha sido afectado
también por la erosión, que ha depositado tanto material sólido en el fondo que,
de acuerdo con los pobladores de la zona, donde antes había hasta 12 metros de
profundidad, hoy apenas se llega a tres. Ni que decir de la eutrofización que
generan las escorrentías de material que emana de las residencias y que
descargan a la ciénaga sin ser desactivados.
Tengo
miedo porque igualmente estuve en Tubará, Puerto Colombia, Soledad y
Sabanalarga, que figuran como subsedes de los juegos y la experiencia de campo
señala que las poblaciones mencionadas ni siquiera tienen capacidad para
albergar a quienes llegan a sus Fiestas Patronales, y que carecen de
infraestructura deportiva para alta competición. Y ya falta poco.
Tengo
miedo de que se pierda el gasto en sombreros, guayaberas, trajes blancos, y
viajes. La sede fue otorgada por la ODECABE para que Barranquilla y el
Departamento del Atlántico puedan observar las grandes figuras de esta parte
del continente, y nos quede la infraestructura. Pero al paso que vamos serán
otros departamentos los que se queden con la posibilidad de ver verdaderas
estrellas del deporte y lucir sus escenarios de alta competición.
Tengo
miedo de que una Corporación Universitaria, que como un moderno Pac-man ha
venido devorando predios públicos como la Piscina Olímpica, la antigua
telefónica y que también quería comerse el Coliseo Cubierto, ahora se pueda
comer el Centro Popular de Cultura Física, verdadero ícono y patrimonio
deportivo construido para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946.
Tengo miedo porque a
la fecha no hay certeza de que se vaya a construir el nuevo velódromo, que le
compita a los de Cali y Medellín. Miedo de que al Profesor “Pepe” Caballero le
resulten fallidos sus esfuerzos para que de la mano de los funcionarios del
Distrito y los arquitectos que trabajan en el proyecto, la ciudad no cuente con
un escenario con graderías de concreto, 70 camerinos alrededor, como son los
sueños del Profesor Caballero y de los funcionarios de la Secretaría. Que el
velódromo tenga un entorno de ciudad capital, que lo haga apetecible y que
tenga una cubierta con diseños especializados que proteja la pista, de manera
tal que por nuestra ubicación, nos busquen permanentemente para imponer marcas
orbitales. Miedo de que los $30 mil millones que dicen que hay para la obra, no
alcancen porque hay que corregir las fallas en el terreno que atentan contra la
estructura del escenario.
A
estos días que faltan, résteles por lo menos seis meses para que nuestros
seleccionados vengan a trabajar en lo que será el sitio de competencias; y no
tenemos la certeza de que estemos listo por lo menos. ¿Evidencias? No hay canchas
de softbol, volei-arena, como sí las tiene Cartagena, ni un coliseo para que
gimnasia y esgrima tengan sus competencias, por lo que tendrían que irse a
Bogotá, Cali, Cartagena o Medellín. Tampoco tenemos listas las piscinas para
las competencias de natación, porque pese a la inversión de $3.700 millones de
pesos en 2012, el escenario no es apto para este tipo de competencias.
Realmente, para ningún tipo de competencia porque la costra de concreto debajo de los
trampolines, es una trampa mortal para los saltadores y de contera, le restó largo a la piscina de clavados, lo
que hubiera sido una sede alterna para waterpolo. Cartagena si tiene piscina y
a Santa Marta le prometieron un Parque Acuático para los Bolivarianos del año 2017.
A pesar del verano
intenso que nos trajo el niño, la tarde se encapota y un extraño frio en el
ambiente nos hace presagiar lo peor. “Ahora lo que falta es que después de esta
asoleada, nos coja un aguacero y nos tuerza, como decía mi abuela” dice
adolorida. Hay mucho dolor en ella. En principio me parece extraña su actitud.
Es como si no hubiera sabido el estado de postración de nuestros escenarios.
Pero pronto me lo aclara: “Yo sé que estamos mal. Yo te he contado como está mi Liga, te dije lo
que sienten los dirigentes de clubes y ligas de otros deportes. Pero
encontrarme en una misma tarde con tantos factores de tristeza, de verdad que
duele más que cualquier golpe que haya recibido en un combate”.

Un
largo silencio nos acompañó desde el metropolitano hasta su casa, en Chiquinquirá:
Concordia con Manga de Oro. Me despido de ella y me golpea el dolor de saber
que existe un peligro gigantesco y es que, de acuerdo con los planos y maquetas
socializados, Barranquilla, más que contar con otro escenario para el deporte,
perdería el Romelio Martínez como escenario para convertirlo en un recinto multipropósito (léase casetas, verbenas,
concierto y otras hierbas) con lo que quedaríamos a merced de los herederos de
los donantes de las tierras donde se construyó el Estadio, ya de por sí
afectado por el parqueadero de Transmetro. Ellos podrán reclamar para sí los
terrenos a los que se les estaría dando un uso diferente de lo establecido en
el legado. Ahí si, como en la canción de Víctor Jara, Ni Chicha Ni Limoná. Se la pasa manoseando caramba zamba,
su dignidad.