sábado, 10 de septiembre de 2016

LOS XXIII JUEGOS DEPORTIVOS CENTROAMERICANOS Y DE CARIBE 2018 MIRADOS CON LOS OJOS DE OLGA LUCÍA



“Te voy a presentar a una dirigente combativa. De esas que está dispuesta a enfrentar con clase a la dirigencia local y que se caracteriza porque además de su decencia, es firme en sus posiciones y no anda detrás de prebendas personales”. Esa fue la presentación de Rodolfo Pontón, para referirse a Olga Lucía Salas, quien se convertiría a partir de ese momento, en los ojos de la comunidad deportiva, sobre la calidad de la política pública en materia deportiva. Llegó hasta nosotros con un sueño: convocar a todos los Actores del Deporte, para que cerrásemos filas alrededor de los acontecimientos que ya daban la vuelta al mundo. Y no era menor su preocupación, pues el 11 de junio de 2014, en el Puerto de Veracruz, Barranquilla obtuvo la Sede de los XXIII Juegos Deportivos Centroamericanos y de Caribe 2018, dejando en el camino las aspiraciones de Puerto La Cruz (Venezuela) y Ciudad de Panamá. Los nueve miembros de ODECABE, que en principio dividieron la votación cuatro a cuatro entre Barranquilla y Ciudad de Panamá y un solo voto por Puerto La Cruz, decidieron en una reunión a puerta cerrada, por voto mayoritario (cinco a cuatro) entregar la sede a Barranquilla.


“No me preocuparía tanto que nos hubieran dado la sede sobre la base de unas promesas: a la larga todos lo hacen. La Dra. Elsa lo ha dicho en todos los medios; que se aventuró a pedir la sede porque la ciudad está viviendo su mejor momento, recalcando que es la ciudad del presente y del futuro. Sobre esa base ella embarcó la ciudad en la empresa de buscar la sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. No me preocuparía si no fuera por el tiempo que falta y la calidad de escenarios que tenemos”.

Olga Lucía Salas González es menudita. Con algo más 1,60 y apenas 65 kilogramos de peso, contra todo pronóstico, incluso en su casa materna, recorrió triunfante los entarimados de nuestro país, donde la vieron combatir y convertirse en una de las mejores karatecas. Su piel morena y los rasgos firmes en sus facciones, enmarcados por una hermosa cabellera negra, hacen honor a la raza bravía, de mujeres hermosas que surge del encuentro de los Zenúes por su línea materna, con la herencia africana que le llegó de su padre, un zambo calamarense que andaba probando suerte como técnico metalmecánico en Córdoba, y que terminó sacando a la matrona de su tierra natal, a hacer una nueva vida en Barranquilla, donde nacería su descendencia. De esa raza de seres libres, de pueblos como los caribes y los negros cimarrones de nuestros palenques, que prefirieron enfrentar el exterminio antes que doblegarse, de allí le viene el recelo por las cosas cuando no son claras.

Cuando hablamos de Juegos Centroamericanos, sus facciones se endurecen. Le ronda la incertidumbre porque se manejaron cifras como la de una inversión de $170 millones de dólares en infraestructura deportiva, como aparece en las declaraciones del Director de Coldeportes de la época entregadas el 11 de junio de 2014 a http://www.elpais.com.co (/elpais/deportes/noticias/barranqujilla-gano-sede-juegos-centroamericanos-2018). Y no son infundados sus temores porque junto a dos millones de atlanticenses, observó que en la lista de intervenciones para escenarios de competencias, extrañamente se incluye el Centro de Eventos del Caribe, que indiscutiblemente, no será para ligas deportivas. Suena más a una “liga” para los privados que manejan lo público en la ciudad. Se prometió la remodelación del Estadio de Beisbol “Tomás Arrieta”, el coliseo de baloncesto del Parque Surí Salcedo, un nuevo velódromo y el Coliseo Cubierto Humberto Perea. La promesa incluye la construcción de una Villa Olímpica para albergar a los deportistas.

Cuando le llegó el turno en calidad de Promesero al Director de Coldeportes para la época, a pesar de la crisis financiera que generó la caída de los ingresos de la Nación por la baja en los mercados internaciones de los precios del petróleo, empeñó la palabra del Gobierno Nacional y en declaraciones concedidas al diario El Tiempo, ese 11 de junio de 2014, dijo: “Logramos nuestro objetivo porque se presentó una propuesta sólida basada en las experiencias que ya hemos tenido como organizadores de grandes eventos deportivos. Estamos preparados para recibir los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018 en Barranquilla“. Sin embargo, ahora la plata parece coquetear tras una vidriera blindada en una danza del SI PERO NO. Si hay la plata pero no es ahora es en el 2018, año de los Juegos…




Olga Lucía, signada desde su nacimiento a ser grande por llevar su nombre en honor a una de las campeonas nacionales más queridas por los colombianos (la nadadora valluna Olga Lucía De Angulo) se inquieta hasta la médula y nos dice “Las mentiras, así sean piadosas, deben tener un poco o un mucho de credibilidad”. Ella no sabe de qué chistera sacaron este conejo de que aquí  se realizan eventos deportivos de élite mundial constantemente. “Eso cierto que fuimos subsede del mundial de fútbol Sub-20 en 2011, pero de eso casi nadie se habría enterado si no hubiera sido por Rossana Lignarolo que nos convirtió en el hazmerreír del mundo entero con su acto inaugural. De resto, no sé qué más van a inventar”.

Pero la dirigencia no podía dejar de seguir “cañando” como los jugadores de póker. Para seguir en el juego, por supuesto, echaron mano del cuento de “los turistas que vienen al Carnaval” y que “fuimos la casa de la Selección en las eliminatorias para el Mundial de Brasil 2014”. Ante esto cabe preguntar: ¿Cuándo fue la última pelea por título mundial en Barranquilla? ¿Qué selección nacional de futbol, basquetbol, voleibol o béisbol (sin contar eliminatorias FIFA) ha sido traída a la ciudad? ¿Qué artistas de talla mundial, diferente de Shakira tiene a Barranquilla en sus giras? Si no tenemos respuestas frescas y contundentes, por favor no sigamos engañando y engañándonos.

A pesar de tener la certeza de que nos otorgaron la sede sobre la base incierta de unas promesas, algunos fuimos felices porque además de ganar la sede, contaríamos con 1613 días para prepararnos logística y deportivamente para los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe de 2018. Olga nunca se dejó llevar por tanta emoción y mientras la ciudad empezaba a prepararse y nombraba un director a los juegos, el Dr. Pedro Salzedo Salom, a ella, la malicia ancestral, le decía que de eso tan bueno no dan tanto; y le pusieron fecha al inicio de las competencias: se disputarán del 3 al 17 de noviembre de 2018. “¿Cómo voy a estar tranquila cuando al Director de los Juegos no le dieron ni oficinas, ni presupuesto para manejar los juegos, ni sabe lo que sucederá con los escenarios?” Y no le falta razón porque el Dr. Salcedo desconocía, como la gran mayoría de los barranquilleros y atlanticenses, cuáles iban a ser los diseños de los escenarios nuevos, ni qué otros escenarios se van a intervenir, tal como lo manifestó el dirigente, en la Mesa Deliberativa “Perspectivas del Deporte en el Atlántico frente a los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018”, celebrada en Barranquilla, el 29 octubre de 2015.

Olga me convida a realizar un periplo por los escenarios con que cuenta la ciudad. Decide que vayamos al Romelio Martínez porque encontraremos allí, además de futbol, pesas y atletismo. Sus ojos por primera vez pierden el brillo ante la presencia de un llanto que inútilmente trata de contener, al ver que una leyenda viva como el Profesor Carlos Caballero, el primer pesista que representó a Colombia en unos juegos Olímpicos, una joya viviente de nuestro deporte, sigue preparando pesistas a pesar de las condiciones infrahumanas en las que se desempeña.  La idea era entrevistarlo, pero ella se retira y me dice: “Habla tú con él…” y yo me quedo notarizando ese momento en el que el Profe Carlos me relata como hasta la ventilación del recinto le negaron porque las paredillas del Romelio dizque son patrimonio. Ahora que se habla de remodelación y cambiar la orientación del escenario (hasta el cambio de uso de suelo) no entiendo como lo lograron.

Los Barranquilleros, tenemos la esperanza de poder contar con un Estadio de Atletismo en las inmediaciones del Metropolitano “Roberto Meléndez”. Es necesario aunque las autoridades internacionales que en principio no avalaban competencias en la recientemente inaugurada pista atlética, han admitido que, si se compromete la ciudad a remediar las fallas técnicas, se permitirían las pruebas en el estadio de futbol. Sin embargo, faltando un poco más de 800 días, no se ha resuelto lo de la licitación. Están los recursos, se le ha consultado al Dr. Orlando Ibarra, presidente de la Liga de Atletismo pero seguimos dependiendo del tiempo.

Con el alma vuelta añicos salimos del “Coliseo de la 72”, “El Viejo pero querido Romelio Martínez”, buscando los sitios a intervenir para los Centroamericanos. Llegamos al estadio de baloncesto pero es imposible el ingreso porque la vigilancia sólo permite el ingreso de carretillas que descargan canastas de cerveza al interior del escenario deportivo. No se siente el movimiento de balones ni nada que se le parezca y el ruido de botellas que se apilan por cajas, solo se interrumpe por el sonido ronco de lo que parece ser una máquina de soldadura. “Son unas rejas que están terminando” me dice con naturalidad uno de los vigilantes, quien dice además que no sabe de quién es y que el solo recibe la orden de dejarlos trabajar.

POSICIONES DE LOS ACTORES DEPORTIVOS
Cantar la tabla de la manera como lo hace Olga, en este medio de posiciones acomodadas de muchos sectores, incluyendo el deportivo,  hace que muchos cuestionen el compromiso de Olga Lucía, con la realización de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla y el Atlántico. Con un gesto de convencimiento me afirma: “Si algo quería yo era que mi departamento, para salir de ese hueco en el que estamos, puesto 14 a nivel nacional, tuviera la oportunidad de unos Juegos Nacionales o Internacionales que nos dieran por lo menos, sitios dignos para la práctica deportiva para que mediante un plan a largo plazo, volviéramos a tener deportistas de élite”.

Lo que no me puede negar es el miedo de que la ciudad no le quede bien al mundo deportivo. Es el mismo miedo que se alimentó de la tristeza que había en el alma de esta mujer que nunca rehusó el combate, al punto que culminada su actividad en el Karate como aficionada, incursionó en el boxeo de paga femenino. Pero ahora siente el miedo que apretujó su corazón cuando pasó a la pista de atletismo del Romelio Martínez, ahora guardadero de estructuras para espectáculos de reggaetón  y que siguió creciendo cuando paso a paso recorrimos los escenarios: El Roberto Meléndez con su pista fashion, la piscina mutilada, el Centro Popular de Cultura Física que no ha de ser intervenido, el incierto estadio Tomás Arrieta…


Miedo que día a día se fortalece, porque ya han transcurrido mas de 800 días de los 1613 que teníamos como colchón de seguridad y no tenemos escenarios para las delegaciones de 32 países que disputarán medallería en 35 disciplinas deportivas (muchas de ellas desconocidas en nuestro medio y por tanto, sin escenarios). Miedo porque hace seis años “La Niña” redibujó el mapa del Departamento, haciendo visibles las zonas de alivio del canal del Dique. En ese reclamo airado de la naturaleza, se destruyeron los acueductos de los municipios del sur del departamento, algunos de ellos subsedes de los XXIII JCDC, y seis años después, pese a existir unos contratos supuestamente liquidados, ningún acueducto del sur funciona.

Como ella, yo también tengo miedo. Tengo miedo porque se habló de Luruaco, seguramente para deportes náuticos, y ni siquiera hay intervenciones para buscarle profundidad a la Laguna, ni para el tratamiento de aguas servidas que se vierten en este cuerpo de agua. Este escenario natural ha sido afectado también por la erosión, que ha depositado tanto material sólido en el fondo que, de acuerdo con los pobladores de la zona, donde antes había hasta 12 metros de profundidad, hoy apenas se llega a tres. Ni que decir de la eutrofización que generan las escorrentías de material que emana de las residencias y que descargan a la ciénaga sin ser desactivados.

Tengo miedo porque igualmente estuve en Tubará, Puerto Colombia, Soledad y Sabanalarga, que figuran como subsedes de los juegos y la experiencia de campo señala que las poblaciones mencionadas ni siquiera tienen capacidad para albergar a quienes llegan a sus Fiestas Patronales, y que carecen de infraestructura deportiva para alta competición. Y ya falta poco.

Tengo miedo de que se pierda el gasto en sombreros, guayaberas, trajes blancos, y viajes. La sede fue otorgada por la ODECABE para que Barranquilla y el Departamento del Atlántico puedan observar las grandes figuras de esta parte del continente, y nos quede la infraestructura. Pero al paso que vamos serán otros departamentos los que se queden con la posibilidad de ver verdaderas estrellas del deporte y lucir sus escenarios de alta competición.

Tengo miedo de que una Corporación Universitaria, que como un moderno Pac-man ha venido devorando predios públicos como la Piscina Olímpica, la antigua telefónica y que también quería comerse el Coliseo Cubierto, ahora se pueda comer el Centro Popular de Cultura Física, verdadero ícono y patrimonio deportivo construido para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1946.

Tengo miedo porque a la fecha no hay certeza de que se vaya a construir el nuevo velódromo, que le compita a los de Cali y Medellín. Miedo de que al Profesor “Pepe” Caballero le resulten fallidos sus esfuerzos para que de la mano de los funcionarios del Distrito y los arquitectos que trabajan en el proyecto, la ciudad no cuente con un escenario con graderías de concreto, 70 camerinos alrededor, como son los sueños del Profesor Caballero y de los funcionarios de la Secretaría. Que el velódromo tenga un entorno de ciudad capital, que lo haga apetecible y que tenga una cubierta con diseños especializados que proteja la pista, de manera tal que por nuestra ubicación, nos busquen permanentemente para imponer marcas orbitales. Miedo de que los $30 mil millones que dicen que hay para la obra, no alcancen porque hay que corregir las fallas en el terreno que atentan contra la estructura del escenario.


A estos días que faltan, résteles por lo menos seis meses para que nuestros seleccionados vengan a trabajar en lo que será el sitio de competencias; y no tenemos la certeza de que estemos listo por lo menos. ¿Evidencias? No hay canchas de softbol, volei-arena, como sí las tiene Cartagena, ni un coliseo para que gimnasia y esgrima tengan sus competencias, por lo que tendrían que irse a Bogotá, Cali, Cartagena o Medellín. Tampoco tenemos listas las piscinas para las competencias de natación, porque pese a la inversión de $3.700 millones de pesos en 2012, el escenario no es apto para este tipo de competencias. Realmente, para ningún tipo de competencia porque  la costra de concreto debajo de los trampolines, es una trampa mortal para los saltadores y de contera,  le restó largo a la piscina de clavados, lo que hubiera sido una sede alterna para waterpolo. Cartagena si tiene piscina y a Santa Marta le prometieron un Parque Acuático para los Bolivarianos del año 2017.

A pesar del verano intenso que nos trajo el niño, la tarde se encapota y un extraño frio en el ambiente nos hace presagiar lo peor. “Ahora lo que falta es que después de esta asoleada, nos coja un aguacero y nos tuerza, como decía mi abuela” dice adolorida. Hay mucho dolor en ella. En principio me parece extraña su actitud. Es como si no hubiera sabido el estado de postración de nuestros escenarios. Pero pronto me lo aclara: “Yo sé que estamos mal. Yo  te he contado como está mi Liga, te dije lo que sienten los dirigentes de clubes y ligas de otros deportes. Pero encontrarme en una misma tarde con tantos factores de tristeza, de verdad que duele más que cualquier golpe que haya recibido en un combate”.

Un largo silencio nos acompañó desde el metropolitano hasta su casa, en Chiquinquirá: Concordia con Manga de Oro. Me despido de ella y me golpea el dolor de saber que existe un peligro gigantesco y es que, de acuerdo con los planos y maquetas socializados, Barranquilla, más que contar con otro escenario para el deporte, perdería el Romelio Martínez como escenario para convertirlo en un recinto multipropósito (léase casetas, verbenas, concierto y otras hierbas) con lo que quedaríamos a merced de los herederos de los donantes de las tierras donde se construyó el Estadio, ya de por sí afectado por el parqueadero de Transmetro. Ellos podrán reclamar para sí los terrenos a los que se les estaría dando un uso diferente de lo establecido en el legado. Ahí si, como en la canción de Víctor Jara, Ni Chicha Ni Limoná. Se la pasa manoseando caramba zamba, su dignidad.