Como si se le avisara por parte de un angelito
Se pone el roble bonito con florecitas rosadas
Celestiales pinceladas nos regala el guayacán
Y empieza a hacerse notar con un furioso amarillo
deslumbrando con su brillo a quienes vienen y van.
Así mi Curramba entera se engalana cual señora
Porque le llegó la hora al florón, la veranera,
lluvia de oro, la cayena, los corales y el rosal
De iniciar su recital de colores y alegría,
Que linda es la tierra mía cuando llega el carnaval.
RICARDO DE LEÓN PADILLA
Fotografías Marco Tuliuo
Molinares
Sencillo pero importante, como todas las cosas de la Bella Quilla, así es su
Carnaval, fiesta cargada de manifestaciones, a las que en noviembre de 2003 se
le reconociera su estatus de Obra Maestra del Patrimonio Inmaterial de la
Humanidad por parte de la Unesco. Mágicamente, la fiesta coincide con la
floración que arranca con los guayacanes y continúa con el roble y demás flores
que empiezan a mostrar su madurez después de haber soportado el invierno.
Con el reconocimiento hacia las creaciones que participan
en nuestro Carnaval en Barranquilla y su inclusión en la lista de expresiones
en peligro de extinción, arreció también la discusión académica sobre los
orígenes etimológicos de la palabra, sobre la piedra inaugural de la primera
festividad y otra serie de inquietudes históricas. Sin embargo, estas no
alcanzan a explicar la condición de pieza única de nuestra fiesta, ni cómo un
sitio de sueños, se convierte en epicentro de un suceso de sana convivencia,
donde lo importante es la diversidad y la hermandad.
Los foros y las cátedras se llenan de luchas incesantes por
imponer verdades sobre el origen de la fiesta y de la palabra. En medio de la
discusión han salido a bailar dioses, semidioses y sus descendencias. Por ello
encontramos que al Carnaval como fiesta se le atribuye el hecho de ser una
celebración en honor de Carna, hija de Heleno, diosa de las habas y el tocino. (A
nosotros no nos interesa si la palabra proviene del latín o del griego, no es
relevante si es Carna, Carnes o Tollendas).
Como cuna de las bacanales, Roma no podría faltar en la
discusión. De aquí que se haga fácil relacionar la celebración por la llegada
de la primavera con la llegada de Bacco, quien según la mitología, venía del
mar en un navío (Fiesta de Carrus navalis).
Lo cierto es que la Iglesia Cristiana, nacida apenas hace
20 siglos, años tomó fiestas y celebraciones de las comunidades donde fue
llegando y las adaptó a la necesidad de cohesionarlas, alrededor de su propio
sistema de creencias, adaptándolas sin entrar en conflicto con el arraigo. Ese
sincretismo hizo posible que los comportamientos “bárbaros” o alejados de la
nueva fe, fueran transformándose para unirse a sus cosmovisiones. En particular,
la Iglesia Católica tuvo que adoptar símbolos como la Cruz, y a través de
historias intentar explicar comportamientos y
nuevos órdenes en las relaciones sociales. Por ello el primer domingo
después de la primera luna llena del equinoccio de primavera, se adopta para
conmemorar la muerte de Nuestro Señor Jesucristo imponiendo patrones de
conducta en las celebraciones religiosas que se realizan 40 días después de ese primer domingo de festejos.
Hablar de los inicios del Carnaval en Barranquilla es
hablar de la refundación de la ciudad. Esta vez se agrega el ingrediente de una
sociedad europeizada, que creció con Encomenderos y Sacerdotes que trajeron costumbres de su
natal España. Estas costumbres y celebraciones, al entrar en contacto con la encanto
de este punto del Caribe Colombiano, se trasforman en algo mágico que hizo que
otras comunidades, con sus costumbres, saberes, sabores y colores, llegaran
hasta Barranquilla y la convirtieran en la capital de la alegría de la región.
Sin ningún reparo, quedaran aquí cantos, bailes, representaciones, vivencias y
costumbres, que no distinguen procedencias étnicas o de Clases sociales.
De esta manera, los disfraces de España, las danzas
indígenas, los tambores de los africanos traídos contra su voluntad, los pitos de las montañas y las danzas de
laboreo y de guerra que conservaron los esclavos libertos, se unieron en un
abrazo pluricultural. Aquí, las barreras en otras latitudes marcadas por el
componente étnico, desaparecen.
Y nace así: sin fechas, sin “primeras piedras” sin
fundadores, sin propietarios, el Carnaval en Barranquilla. La necesidad de
referenciarlo ante propios y extraños nos ha llevado a marcar los hitos que el
paso del tiempo no alcanzó a borrar. Por eso son importantes eventos como el
primer Rey Momo, la primera Reina o el primer desfile en el que hubo una
Batalla de Flores, ya que es imposible saber, cuándo fue la primera Rueda de
Cumbia, cuándo se bailó el primer fandango, cuáles fueron los primeros
disfraces…
Por esa fortaleza de ser una creación colectiva y al no
encontrar puntos concretos de su inicio, TODOS somos responsables de su
preservación, porque el Carnaval en Barranquilla es DE TODOS Y PARA TODOS.
