Sobre la media tarde de aquel miércoles 27 de mayo de 2015, Puerto Colombia
despertaba estremecida, de ese marasmo que la ha llevado a la postración mas
aberrante, que incluso la ha puesto en el camino de utilizar los arroyos de
escorrentía como los depositarios de desechos y basuras de todo tipo que
terminan arruinando lo único que va quedando del otrora, esplendoroso puerto
sobre el Mar Caribe: Sus playas.
Lo que quedaba como testigo de su opulencia y majestuosidad
era el viejo muelle. Esta obra de ingeniería, que por gracia de las obras hidráulicas
de las Bocas de Ceniza y buscando las profundidades perdidas por la
sedimentación, llegó a convertirse en uno de los mas largos del mundo, hoy en
día se reduce a tres “cascabillitos”, como le llaman los nativos a las piezas
dentales que a pesar de la caries, aún se asoman, tercas, a la boca de los
viejos pescadores. A partir de 1919, cuando se iniciaron los preparativos para
la construcción del Terminal Marítimo de Barranquilla, empezó a escribirse otra
historia. La historia de la desidia y el abandono que deposita en sus playas,
las 200 toneladas de olvido que el río le trae año tras año.
Por este puerto entró el progreso a nuestro país, pero
también entró el futbol, el deporte que más seguidores tiene pero que también
mas desilusiones le brinda a la fanaticada. Sin embargo también le ha dado
alegrías como la de ver a un porteño que por poco se pierde en el anonimato de
un futbol profesional como el venezolano, sin vitrinas en los grandes
escenarios del balompié mundial. Ese muchacho, regalaba una tarde tarde feliz
para Puerto Colombia como no se vivía desde hacía mucho tiempo. Carlos Arturo
Bacca Ahumada, el mismo que hace 7 años quería ir al futbol italiano pero que
perdió la oportunidad por la campaña negra que le montara un comentarista
radial que lo satanizó por verbenero y terminó convenciendo a los italianos de
que no servía. (El simplemente estaba en el sitio menos indicado cumpliéndole una
cita a su ancestro “picotero”, que le viene por cuenta del viejo Gilberto, su
padre, dueño del pick up “Orgullo Porteño). Ese es el mismo comentarista que
cuando se fue al Brujas de Bélgica, dijo que ese pelao a la hora de estar en un país del cual desconocía todo, se
iba a poner a llorar y se iba a regresar lo mismo “que el tal Teo”.
Carlitos como le llaman ahora los que ayer no le creían, el
pelao que completaba lo que necesitaba para ir a trabajar en las inferiores del
Junior se rebuscaba como cobrador de los buses de Puerto; ahora se llena de
gloria, gracias a que sus certeros disparos al arco contrario, lo han
encumbrado como uno de los mejores artilleros del viejo continente. Este Carlos
Aturo, como lo llamaba su madre, Eloisa Ahumada, para que dejara de “patear
bola”, conseguía para el Sevilla la Tercera Copa UEFA y para su tierra, una luz
de esperanza, de que si hay posibilidades de mejorar.
Mañana, no sería extraño encontrar el consabido ramo inmenso
de rosas, miosotis, pompones, astromelias en todas sus variedades y hasta
orquídeas, adornando la casa materna, con la tarjeta de las autoridades del
municipio, los únicos en Puerto Colombia que no han hecho nada para que la vida
de los porteños sea mas prometedora.
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